Las pruebas de detección precoz aumentan el riesgo de fallecimiento en las mujeres que gozan de buena salud
Lo que acaba de leer le parecerá increíble pero, sin embargo, es absolutamente cierto. Ahora verá por qué.
Las cifras de cáncer de mama son casi las mismas en todos los países
occidentales. A lo largo de un periodo de 10 años, 3 de cada 1.000
mujeres mueren de cáncer de mama.
Durante mucho tiempo, se creyó que la detección sistemática permitía
reducir esta cifra a 2 de cada 1.000. Dicho de otro modo, de cada 1.000
mujeres se salva una vida cada 10 años. Esta cifra proviene de un
estudio sueco en 600.000 mujeres publicado en 1993 por
The Lancet. (5)
Una vida cada 10 años parece muy poco, pero algo es algo, y esa cifra,
aunque minúscula, parecería justificar las campañas masivas de detección
precoz.
No obstante, la medicina ha hecho importantes avances, y sabe tratar mejor el cáncer de mama en una fase avanzada.
Según una revisión de los estudios que data del año 2002, el número de
fallecimientos por cáncer de mama gracias a la detección precoz ya no es
más que de 1 de cada 2.000 cada 10 años.
Pero, por desgracia, estos resultados no se obtienen sin causar importantes daños colaterales.
Las pruebas de detección precoz del cáncer entrañan riesgos que anulan
el beneficio e incluso provocan, al final, un aumento del riesgo de
morir de cáncer o de enfermedad cardíaca en las mujeres que gozan de
buena salud y que se someten a ellas.
Veamos por qué.
Los importantes daños colaterales de las mamografías
El objetivo de la detección precoz del cáncer mediante mamografías es
descubrir los pequeños focos cancerosos en la mama, que no se pueden ver
a simple vista, ni palpándose.
El problema es que las técnicas de imagen y análisis actuales no
permiten distinguir las células cancerosas peligrosas, que evolucionarán
en un cáncer de mama, de las demás células.
De hecho, todos tenemos células cancerosas en el cuerpo, basta con buscarlas y buscarlas y las terminaremos encontrando.
Por suerte, estas células desaparecen por sí solas la mayor parte de las veces, sin ni siquiera darnos cuenta.
En el caso del cáncer de mama, es perfectamente normal que una mujer
desarrolle, en un momento u otro, lo que se llama un carcinoma de mama
in situ
o “pseudocáncer”. Las células cancerosas se encuentran en los canales o
lóbulos del seno, donde, en la mayoría de los casos, son prudentes y no
franquean la membrana basal.
Ni se atacan los ganglios linfáticos ni hay metástasis a distancia (es
decir, cuando el tumor se expande y progresa fuera del órgano que generó
el cáncer). Lo normal es que el carcinoma sea eliminado de manera
natural, sin causar el más mínimo dolor, estrés ni peligro. O, en todo
caso, el carcinoma crecerá con tal lentitud que nunca se llegará a
convertir en cáncer y la persona, cuando fallezca, habrá sido por otra
causa.
Sin embargo, si tiene la desgracia de someterse a una prueba de
detección precisamente en ese momento, su médico pronunciará ante usted
las palabras fatídicas: “tiene cáncer”.